El TCA no se va de vacaciones

¿Qué ocurre en verano con aquellas personas que tienen una mala relación con la comida y con su cuerpo?

La obsesión por adelgazar y controlar el cuerpo a través de la comida (y el ejercicio) se dispara, olvidándonos de la conexión con nuestro cuerpo, nuestras emociones y la falta de adaptación a los contextos.

El cuerpo vuelve a ser el foco, donde creemos que si lo controlamos, valdremos más y/o seremos más felices.

Desconectarnos de nuestro cuerpo a nivel nutricional y alimentario puede ser peligroso y jugarnos malas pasadas, ya que la famosa frase “no tengo hambre” en realidad esconde: tengo las sensaciones de hambre bloqueadas y por lo tanto no la siento, pero esto no quiere decir que mi cuerpo no necesite comida (de cualquier tipo).

¿Qué ocurre cuando nuestro cuerpo se desconecta de sus necesidades?

A nivel fisiológico:

  • Déficits nutricionales
  • Pérdida de estructura corporal
  • Atracones
  • Ingestas compulsivas a horas inadecuadas
  • Alteraciones de las sensaciones de hambre y saciedad

A nivel social:

  • Falta de adaptación a ciertos contextos que conllevan comida
  • Miedo a comer por no saber la cantidad exacta
  • Distorsión de las cantidades
  • Selección de alimentos con falta de disfrute
  • Carencia de compartir experiencias con las personas que nos acompañan

A nivel emocional:

  • Hambre mental
  • Pensar en comida continuamente como casi única meta en el día
  • Contar calorías
  • Catalogar alimentos como buenos o malos
  • Sensación de culpa si se comen los que se consideran malos
  • Sensación de estrés si se rechazan los “malos”, porque se sabe que gustan y, en el fondo, apetecen

En definitiva, se activa el caos: una serie de sensaciones negativas o falso control excesivo que nos llevan a:

  • Estar más tristes
  • Falta de adaptación a contextos veraniegos (que hay muchos alrededor de la mesa)
  • Aislamiento
  • Problemas fisiológicos como alteraciones digestivas, dolor de cabeza, sensación de llenado distorsionado, etc.

¿Cómo podemos ayudar en esta época de vacaciones?

➤ No hablemos de dieta

Vivimos en una sociedad donde se han normalizado diferentes tipos de dietas enmascaradas en el “lo hago por salud”, pero se olvidan de las sensaciones, las emociones y los contextos.

Tener una educación alimentaria, con una estructura y saber que tenemos que fomentar el consumo de alimentos frescos/naturales es muy importante, pero no debemos desplazar aquellos que nos generan placer o que forman parte de momentos sociales.

La salud es saber equilibrarlo sin reglas alimentarias que pongan en conflicto mi mente y mi forma de relacionarme con la comida y con los demás.

Además, las dietas a veces excluyen grupos de alimentos básicos (por ejemplo, grasas o carbohidratos). Esta es una de las razones por las que las dietas no funcionan: el cuerpo acaba buscando lo que se le quita de forma inadecuada para sentirse a salvo.

➤ No catalogar los alimentos como buenos o malos

Los alimentos son nutritivos o no nutritivos. Es mi conducta la que va a determinar que su uso sea saludable o no.

Ejemplo:

Si me apetece tomarme un helado a las 18:00h pero, para ello, decido no cenar, ese helado no es “no saludable”; lo que no está siendo saludable es castigarme por no cenar cuando puede que tenga hambre a esa hora.
O si decido no comerlo y sustituirlo por un plátano, esa conducta —por muy nutritivo que sea el plátano— puede llevarme a tomar una decisión descontrolada de comer mucha más cantidad de helado de la que realmente querría.
Es decir, no elijo desde la libertad, o incluso no como ninguno durante todo el verano, viviendo momentos incómodos en los que renuncio a él por mucho que me encante.

➤ No dejar de ir a planes por contextos alimentarios que no puedo controlar

¿Cuántas veces en verano recibimos invitaciones?

  • Aperitivos (sin saber qué se comerá luego)
  • Helados en terrazas
  • Bocadillos en el cine de verano
  • Volver de fiesta a las tantas y compartir una pizza
  • Comer en la playa…

Son numerosos momentos en los que, si sufrimos un trastorno de alimentación, nos veremos condicionados.

¿Cómo aprender a relacionarnos con estos eventos?

Si no tienes una buena relación con la comida y no sabes sentir tus sensaciones de hambre y saciedad y/o disfrutar de ellos:

  • Empieza pidiendo ayuda
  • Haz lo mismo que alguno de tus seres queridos
  • Deja que ellos te sirvan lo que vas a comer
 

Si tienes un ser querido que este verano está sufriendo un trastorno de alimentación:

No discutas sobre la comida ni preguntes por qué no come. Pregúntale cómo está y cómo puedes ayudarle.

Respecto a la alimentación, puedes hacer pequeñas acciones que se alejan de la cultura de dieta:

  • Normaliza todo tipo de macronutrientes (hidratos, proteínas y grasas) en las comidas, y en todo tipo de cocinado.
  • Disfruta de ese plato que no tiene verduras y di cuánto te gusta.
  • Comparte un helado por la tarde.
  • Ten un frutero en casa y come fruta cuando te apetezca.
  • Sal a cenar, a terrazas, barbacoas, a la playa, etc.

Quizá esa persona no esté preparada para hacer estas cosas, pero sí puede ver lo que tú haces.

¿Y qué pasa con mi cuerpo? ¿Me olvido de él? No.

El cuerpo es lo suficientemente sabio para volver a conectarse, regularse y aprender a mandarte señales de hambre y saciedad.

Pero este no es un camino fácil. Las personas con trastornos de alimentación intentan funcionar a través de reglas impuestas por su mente y sus creencias, por lo que necesitarán ayuda de un equipo especializado y el apoyo de sus familiares.

Fomentaremos:

  • Una estructura alimentaria para restablecer las señales orgánicas.
  • Aprender a disfrutar comiendo desde una educación alimentaria flexible.
  • Saber decidir desde un lugar libre de reglas y compensaciones: “me apetece”, “me gusta”, “lo necesito”, etc.
 

En resumen

Es necesario sanar nuestra relación con la comida y el cuerpo y descubrir que comer no es ni un premio ni un castigo, sino una necesidad que tenemos para crecer, relacionarnos y sentir.

Ayudemos a fomentar un mundo libre de dietas, con aceptación corporal y una visión de salud alimentaria como equilibrio entre:

  • Mis necesidades fisiológicas
  • Mi adaptación a los contextos sociales
  • Mis gustos y apetencias
  • Decisiones libres, no condicionadas por el peso ni la culpa
Felices vacaciones
 

Victoria Rodriguez Moldenhauer
Nutricionista en Maradam