“Estoy aquí. Me muevo, hablo, sonrío si hace falta. Respondo, incluso hago bromas. Pero no estoy del todo.
Hace tiempo que algo se apagó. No fue de golpe, fue un goteo lento hacia dentro. Ahora lo que queda es un vacío sellado, una cárcel sin barrotes donde solo hay silencio.
Me dijeron que no transmito, que mis emociones no llegan. Y yo solo pensaba: si supieran cuánto me duele. Me duele la garganta de callar, los ojos de no llorar, el pecho de contener la respiración para que nadie note que estar aquí pesa.
No es que no sienta. Es que siento tanto que no sé por dónde empezar. Me duele estar. Me duele mirarme al espejo y no reconocerme. Me duele estar rodeada y sentirme sola. Que me abracen y no sentir nada.
Vivo en guerra con algo que no se ve. Con una versión de mí que funciona por inercia mientras por dentro solo quiere parar. He aprendido a cerrar tanto la puerta que ya no encuentro la llave.
No quiero dejar de sentir. Me da miedo hacerlo. Porque si todo lo que tengo guardado sale, temo romperme.
Estoy cansada de fingir que estoy bien cuando estoy vacía. Solo quiero una grieta por donde entre aire. Una mano sin juicio. Un espacio para decir “no puedo más” y que eso sea suficiente.
Y si alguien más se siente así, encerrada en sí misma sin saber cómo salir, solo quiero decirle: no estás sola. Yo tampoco sé cómo se sale. Pero aquí estoy. Y tú también.”
¿Qué expresa este testimonio?
Esta es la vivencia interna de una persona que sufre un trastorno alimentario, estas son sus emociones y su dificultad para sentirlas y expresarlas. Está es la voz de cuál es la realidad de lo que sucede por dentro.
Comprensión de los trastornos de la conducta alimentaria
Los trastornos de la conducta alimentaria no se explican únicamente por la relación con la comida, el peso o la imagen corporal. Se entienden como manifestaciones complejas donde la alimentación se convierte en un lenguaje para expresar, evitar o contener conflictos emocionales más profundos.
Es un trastorno de regulación emocional, identidad y vínculo. La conducta alimentaria se convierte en una vía para expresar lo que no puede decirse, controlar lo que se siente incontrolable o silenciar un dolor que no encuentra palabras. Comprender esto permite ver que detrás de la conducta hay sufrimiento, no vanidad ni superficialidad, y que el tratamiento requiere abordar el mundo emocional.
Objetivo terapéutico
Desde un punto de vista terapéutico, el objetivo es ayudar a la persona a transformar la relación con las emociones. Pasar de evitarlas o controlarlas mediante la comida o el cuerpo a reconocerlas, comprenderlas y regularlas de manera consciente y segura. Este proceso suele ser gradual y se desarrolla a través de varias dimensiones.
Alianza terapéutica
El primer paso es establecer una alianza terapéutica sólida. Las personas que padecen un trastorno alimentario han aprendido a ocultar su mundo interno o han vivido experiencias de invalidación emocional.
Por ello, el espacio terapéutico debe percibirse como un lugar donde las emociones puedan expresarse libremente, el sufrimiento sea validado y la persona no sea reducida a su síntoma. El reconocimiento emocional es fundamental para que el paciente vaya aprendiendo a relacionarse con sus emociones sin juicio y se vaya dando el permiso para sentir.
Conciencia emocional
Otra dimensión sobre la que intervenir es facilitar el desarrollo de la conciencia emocional, ayudando al paciente a identificar, diferenciar y nombrar estados afectivos que a menudo se encuentran difusos o escasamente mentalizados.
El trabajo terapéutico incluye aprender a nombrar emociones, diferenciar entre sensaciones físicas, pensamientos y emociones y ampliar el vocabulario emocional. Se utilizan herramientas como registros emocionales, escalas de intensidad emocional o exploración de situaciones cotidianas. El objetivo es que la paciente pase de un estado difuso de malestar a reconocer emociones más específicas (tristeza, rabia, miedo, vergüenza, etc.)
Regulación emocional
Desde modelos contemporáneos, los trastornos alimentarios se entienden como una estrategia disfuncional de regulación emocional. Por ello, otro componente fundamental del trabajo clínico es el desarrollo de habilidades de regulación emocional. Esto implica acompañar al paciente en la adquisición de estrategias alternativas para manejar emociones intensas, tolerar el malestar o establecer estrategias de autocuidado sin recurrir a conductas alimentarias problemáticas.
En este proceso pueden incorporarse herramientas provenientes de distintos modelos psicoterapéuticos como intervenciones basadas en la mentalización, estrategias de regulación emocional, trabajo con el diálogo interno o técnicas de atención plena, siempre adaptadas a las características del caso y al momento del proceso terapéutico. La meta no es eliminar las emociones difíciles, sino aprender a sostenerlas.
Relación con el cuerpo
En esta línea otro elemento a tener en cuenta es que existe una desconexión con el cuerpo que hace que la persona lo experimente como enemigo o como objeto de control por lo que se hace necesario para la mejora de la relación con las emociones ir cambiando la vivencia del cuerpo.
El trabajo se realiza a través de incrementar la conciencia corporal, aprender a identificar las sensaciones internas y así explorar el vínculo entre emoción y cuerpo. Esto ayuda a la persona a entender que muchas emociones aparecen primero como sensaciones físicas (tensión, presión en el pecho, vacío, etc.).
Función del trastorno alimentario
En terapia también se explora qué función cumple el trastorno alimentario en la vida de la persona. Puede servir para sentir control cuando todo parece caótico, evitar emociones dolorosas, expresar conflictos que no pueden verbalizarse o regular sentimientos de vacío o de autoexigencia. Comprender este significado permite reemplazar gradualmente la función del síntoma por formas más saludables de gestionar la experiencia emocional.
Relación entre emoción, pensamiento y conducta
También se promueve la comprensión del vínculo entre emoción, cognición y conducta, favoreciendo que el paciente pueda reconocer cómo determinados estados emocionales activan patrones disfuncionales relacionados con la alimentación y la imagen corporal.
Finalmente, el abordaje del área emocional también implica considerar el contexto relacional e interpersonal del paciente, ya que las dificultades para expresar necesidades, establecer límites o comunicar emociones suelen formar parte del mantenimiento del trastorno.
Conclusión
En conjunto, el trabajo terapéutico sobre el funcionamiento emocional permite que el tratamiento de un trastorno alimentario trascienda la mera normalización de la conducta alimentaria, favoreciendo cambios estructurales en la forma en que la persona procesa, regula y expresa su experiencia afectiva. Este enfoque contribuye a consolidar procesos de recuperación más estables y a reducir el riesgo de recaídas.
Pilar Arasanz – Psicóloga especialista en TCA en Maradam









